Bendita la Reina de nuestra montaña,
que tiene por trono la cuna de España
y brilla en la altura más bella que el sol.
El Himno a la Virgen de Covadonga, compuesto por el agustino Restituto del Valle Ruiz y estrenado en 1918 durante la coronación canónica de la Virgen, es una expresión profunda de fe y patriotismo.
El estribillo no solo es una expresión de devoción mariana, sino también un reflejo profundo de la historia y la identidad espiritual de España. Cada uno de sus versos entrelaza la fe con los acontecimientos que han marcado el devenir del país, especialmente en torno a la figura de la Virgen de Covadonga y su papel en la tradición cristiana.
"Bendita la Reina de nuestra montaña"
La palabra "bendita" es la utilizada por Santa Isabel en el saludo a la Virgen María, "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre". Expresa una profunda alabanza y reconocimiento. Isabel, llena del Espíritu Santo, proclama la singularidad de María, destacando su elección divina para ser la Madre del Mesías. Este reconocimiento subraya la gracia especial otorgada a María y su papel central en la historia de la salvación.
Esta primera palabra del verso del estribillo subraya aquellas que dijera Santa Isabel y exalta a la Virgen de Covadonga como la soberana espiritual de las montañas asturianas, específicamente de la Santa Cueva de Covadonga. La expresión "bendita" refleja la veneración y el amor del pueblo hacia la Virgen, considerada protectora, guía y REINA espiritual de la montaña en la que nació España.
"que tiene por trono la cuna de España"
Aquí se establece un vínculo entre la Virgen y los orígenes de la nación española. La "cuna de España" hace referencia a Covadonga, lugar donde, según la tradición, Don Pelayo lideró la primera victoria cristiana contra los musulmanes en la batalla de Covadonga en el siglo VIII, marcando el inicio de la Reconquista. Al decir que la Virgen tiene por trono este lugar, se le atribuye un papel central en la historia y la identidad de España.
"y brilla en la altura más bella que el sol."
Esta metáfora resalta la majestuosidad y la pureza de la Virgen, comparándola con el sol, símbolo de luz y vida. Al afirmar que brilla "más bella que el sol", se enfatiza su superioridad espiritual y su papel como guía luminosa para los fieles.
"Es Madre y es Reina. Venid peregrinos,"
La Virgen es reconocida tanto como Madre amorosa como Reina soberana. Esta dualidad refleja su cercanía y su autoridad espiritual. La invitación a los peregrinos a acercarse a ella subraya la importancia del santuario de Covadonga como lugar de encuentro y devoción.
"que ante ella se aspiran amores divinos"
Esta línea sugiere que en presencia de la Virgen, los fieles experimentan el amor divino y la gracia celestial. Es un lugar donde se renuevan la fe y la esperanza, y donde se siente la presencia de la Madre que nos lleva a Cristo, su Hijo.
"y en ella está el alma del pueblo español."
La Virgen de Covadonga es presentada como el alma de España, simbolizando la unidad, la fe y la identidad nacional. Su figura trasciende lo religioso para convertirse en un emblema cultural y espiritual del país.
En conjunto, el estribillo del himno a la Virgen de Covadonga es una síntesis poética de la devoción mariana y el sentimiento nacional, donde la figura de la Virgen se erige como símbolo de fe, historia y unidad para el pueblo español.
Estrofa I
Estrofa II
Estrofa III
Estrofa IV

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