La Virgen del Buen Consejo
y San Luis Gonzaga en Madrid
Hoy, 21 de junio, hacemos memoria de San Luis Gonzaga, patrón de la juventud. ¿Sabías que durante su estancia en Madrid tuvo una experiencia que cambió su vida tomando la decisión de consagrarse a Cristo? La tradición afirma que fue la Santísima Virgen María quien, desde la capilla de Nuestra Señora del Buen Consejo, hoy incluida dentro de la Real Colegiata de San Isidro, le confirmó en su vocación.
Luis Gonzaga nació el 9 de marzo de 1568 en Castiglione delle Stiviere. Como primogénito de Ferrante Gonzaga (marqués al servicio de Felipe II) y de Marta Tana de Santena (dama de la reina Isabel de Valois), fue heredero de un linaje distinguido.
En 1581, la familia se trasladó a Madrid, donde Luis y su hermano Rodolfo sirvieron como pajes del príncipe don Diego, hijo de Felipe II. En la corte madrileña recibió formación tanto en etiqueta nobiliaria como en espiritualidad. Su guía fue el afamado Libro de la oración y meditación de Fray Luis de Granada, y se enriqueció intelectualmente con las enseñanzas científicas del doctor Dimas de Miguel.
Se dice que una mañana de agosto de 1583, próxima a la solemnidad de la Asunción de Nuestra Señora, Luis visitó el Colegio Imperial de los jesuitas. Tras asistir a Misa y comulgar, se detuvo ante la imagen de la Virgen del Buen Consejo. Allí, durante la oración profunda, sintió con claridad y paz un mensaje transformador, una voz le decía: “Entra en la Compañía de mi Hijo.” Este momento marcó el hito de su renuncia a la vida cortesana y la elección de una senda espiritual comprometida.
Superando la resistencia familiar, ingresó en la Compañía de Jesús en 1585. Se entregó con humildad a tareas domésticas y dedicó sus fuerzas al servicio con los enfermos durante la peste de 1590. Su cercanía a los más necesitados le costaría la vida. En sus últimos días, debilitado pero sereno, permaneció en silencio, abrazado al crucifijo, hasta su tránsito el 21 de junio de 1591.
La imagen de la Santísima Virgen del Buen Consejo es venerada todavía hoy en la capilla del Sagrario de la Real Colegiata de San Isidro (calle Toledo de Madrid). Remonta sus orígenes a la segunda mitad del siglo XVI, aunque la talla que recibe culto hoy no es la que vieron los ojos de San Luis, pues aquella fue destruida en la Guerra Civil. La actual es réplica de la antigua, obra del escultor Félix Granda, mide casi un metro y representa a la Virgen sosteniendo con delicadeza al Niño con su mano derecha.
La intersección entre la Virgen del Buen Consejo y la figura de san Luis Gonzaga constituye un ejemplo magnífico de vocación y de alianza entre lo divino y lo humano. En la capilla madrileña, la intervención maternal de María iluminó el camino de un joven noble, quien, guiado por una llamada celestial, renunció a todo para consagrar su vida al Señor. Hoy, su memoria y la imagen de la Virgen inspiran a quienes buscan consejo y consuelo junto al consejo celestial.


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